Reír es igual que llorar, las muecas, las lagrimas, el cansancio… es el mismo.
No se puede llorar o reír por mucho tiempo sin que al final no duela.
- Clarita esta durmiendo mamá, está algo enferma, llamala más tarde
- Bueno Damian, pero que tiene, está muy mal?
- No, ya se le va a pasar. Es una pavada, no te preocupes
Damián se abrasa a su tasa de café caliente, mira su reflejo en la pantalla negra de la televisión apagada y repite sus ultimas palabras en forma de pregunta: “… ya se le va a pasar, es una pavada?…”
Hace ya tres veranos y dos inviernos, que esto dejo de ser una pavada. A clara no se le pasa. Y yo si que se lo que se siente, piensa Damian.
-Joaquín era como un nene grande, contaba clara en su última terapia antes de sus clases de tenis. Jugaba con todo y todo era divertido cuando él estaba. Yo lo quería, lo quería como nunca voy a querer a nadie, porque yo se como soy así toda acomplejadita. Yo se que la gente cree que de tanto que hablo no pienso, y que de tanto que hago no siento. Pero no tienen ni idea, no saben nada. Nadie me conoce como me conocía Joaquín. Él sabía que yo hablaba porque le tengo miedo al silencio, que lleno los días porque sé que el día que no lo haga, me acuesto y no me levantó más. Él sabe, que lo sigo queriendo y que escucho toda esa música que me hartaba en criticarle solo porque él la escuchaba, que me miro al espejo mientras lloro y que lo extraño. Él lo sabe, y si no lo sabe lo debería saber, porque yo se lo dije… y cuando no lo vi más lo llamaba para decírselo y cuando dejó de atenderme se lo mandaba en mensajitos de texto o en mails. Él sabe que mis frases del face son para él. Él sabe… verdad que sabe?
Y si lo sabe… porque no vuelve?
Lo sabe… pero no quiere volver?
- Lo dejemos ahí, por hoy. (Psicóloga)
Y así es que la terapia busca transformar en eco eso que uno sabe de si mismo, pero necesitamos escucharlo en otra boca. Aunque ya sabemos que todos nuestros amigos nos lo dijeron miles de veces… pero si lo dice la psicóloga… debe ser cierto.
Clara camina de vuelta a su casa…
“. Él sabe… verdad que sabe? Y si lo sabe… porque no vuelve? Lo sabe… pero no quiere volver?”
Es verdad, Joaquín sabe todo de Clara, pero no quiere volver. Es verdad, Clara lo debería dejar ahí, por hoy y por el resto de sus días. Pero…no. Clara no puede, clara no quiere.
Llega a su casa, abre la puerta y encuentra la casa vacía, abre la heladera para cumplir su rutina, toma de la botella esa agua congelada que le enfría hasta las muelas, revisa su computadora:
“Joaquín acaba de iniciar sesión”
A clara se le anuda el pecho, bloquea a Joaquín de sus contactos, cierras su msn, lo saca del face, borra su número del celular y en un acto totalmente mecánico y doloroso se larga a llorar.
Y llora suave como de lamento, con gritos de suplica, con mocos de impotencia, con suspiros de cariño y espasmos de furia. Llora con todos los movimientos ruidosos y los rituales silencios del llorar. Se tira dramática en el medio de su cama, se tapa la cara para no malgastar la luz en iluminar su llanto mojado. El agua que corre por su nariz inunda la almohada y los rulos rojizos se mojan, se manchan con ese dolor áspero que sin entenderse se siente correr por todo el cuerpo. Porque Clara no sabe porque es que llora, pero sus ojos no le piden permiso y de tanto en tanto se ahoga al respirar.
Se sienta, decidida a recobrar el aliento, a respirar de un sorbo todo el aire y volver a la normalidad de las caras secas. Simula una sonrisa, fuerza las comisuras de sus labios y muestra los dientes a la habitación vacía, se ríe.
Oficialmente se convierte en sonrisa.
1 comentario:
"Yo lo quería, lo quería como nunca voy a querer a nadie, porque yo se como soy así toda acomplejadita."
genial!
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