sábado, 27 de noviembre de 2010

segundo

Segundo.


Los recuerdos no piden permiso, no esperan a que estemos listos para aparecerse en el medio de nuestros planes y dejarnos ahí paralizados en el medio del camino. Esa imagen pasada es selectiva, recortada y prejuiciosa, es el milagro en donde lo que fue aún es  y también la desdicha del presente que nos muestra huellas  ya pisadas.
Al final dicen que el recuerdo es todo lo que nos queda…
Es todo? Quien dice?

Clara despierta a las seis, seis y media desayuna té y a las siete ya está en clases. Todos los veranos inicia un nuevo curso, y esta es la segunda clase de tenis en la que insiste con el aburrimiento que le genera picar la pelota uno y otra vez contra una altísima pared. No es buena deportista, la raqueta le queda incomoda y su profesor la trata como analfabeta. Bueno al menos eso es todo lo que le cuenta Clara a Damian.

-         Nena, hace dos días que vas y  ya lo odias?
-         No lo odio, te digo lo que pienso. Ves como sos Damian? parece que si no te hablan de algo que te incluya entonces es mejor no hablarte. Al menos yo tengo de que quejarme, vos no haces nada. No tengo idea como podes dejar pasar un día tras otros sin mover el culo. Solo fumas, comes y dormís, no haces na- da!!!
Decime, no se te ocurre nunca pensar si necesito algo? Si estoy bien?...Vos estás bien? No extrañas a Ana?

-         Clara, respirá! Dejá de atolondrarte para llenar vacíos ok? Yo estoy bien con mi nada y vos sos feliz quejándote de todo. Podes acepar eso mientras lavas los platos EN SILENCIO?

No, no era verdad. Clara no odiaba tenis, odiaba tener que llenarse las vacaciones de actividades falsas para no volver a pensar en Joaquín, para no sentir que esas vacaciones eran el fracaso materializado en la nada misma, para no tener que recordarlo todas las mañanas. Tenis era la excusa, como lo había sido teatro, pintura, declamación y ciclismo. Inventos, manotazos de un nadador que no quiere ahogarse. Pero a veces, como hoy, tragaba agua y no podía disimularlo, se desesperaba en verborragia y escupía verdades exageradas.
Sí, era verdad. Damian no podía evitar la necesidad de sentirse incluido en cualquier historia y sus muletillas incansables siempre repetían su “yo”, pero tanta necesidad protagónica no es mas que la dolencia existencial de saberse personaje secundario en su historia oficial. Está cansado, de extrañar  a quien era, lo que hacia, lo que pensaba y lo que sentía. Está resignado a extrañar a Ana.

Clara respiró y volvió a flote, se calmó en la humillación de saberse expuesta y se tranquilizó en la certeza del descargo. Lavó los platos.

SILENCIO.

-         Dami, perdoname
-         Ya fue nena, todo bien
-         No, no fue. No está todo bien Damian, cuando voy a dejar de pensar en Joaquín? Vos crees que yo estoy bien? pero no, esto es la mierda. Esto es de lo que me burlé siempre. Esto es arrastrarse, suplicar y llorar hasta dejar la dignidad tirada en el medio del piso.
Sabes que me dijo la última vez que lo llamé?
“Ya está clara, fuiste nena”
Fuiste? fuiste, me dijo!!! Pero que mierda se cree ese hijo de mil puta, me podes decir? Fuiste? Fuiste? Que persona normal puede decirte eso después de dos años de noviazgo? Un enfermo, es un enfermo! Y yo acá llorando como pelotuda. Y vos me decís que está todo bien?

Clara se ahoga, se ahoga en llanto desesperado y llora en el sillón, hasta quedar ceca de lágrimas y dormida de cansancio. Damian solo puedo abrasarla, abrasar a esa hermana mayor que se desprende a pedazos. Mientras él traga la impotencia que siente por ella y por él mismo, la bronca le cierra el pecho. Odia a Joaquin… odia,  no poder odiar a Ana.

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