Ambos lo sabían, cada día se tornó más notable, cada día más difícil de ignorar. Pero a veces, de tanto en tanto, alguna sonrisa robada, una charla entre cosquillas o un abrazo enternecido, los convencía.
Se querían, se quieren aún. Pero entre los silencios se fueron distanciando, y entre las distancias dejaron de buscarse.
Esa mañana ella lo abrazó más de lo habitual, y en cada abrazo buscaba inmortalizar ese despertar. Cuando él decidió ya levantarse, después de una larga pausa de pereza, abrió sus ojos y casi arriba de ella, la miro y abrió gigante su boca mostrándole todos sus dientes, con brillos en los ojos, la despertó con la sonrisa más dulce que tenia. Ella le respondió con una melancolía q se le atascó en la garganta; y no pudo… cada palabra se le amontonaba, hubiese deseado decirle gracias pero… no pudo.
Cuando él salió del baño, inmediatamente fue ella también, a esconderse claro, a que otra cosa? No sabía como estar en la misma habitación que él, no con esa decisión que le oprimía el pecho, no con esos pensamientos dando vueltas.
Antes de abrir la puerta, se miró al espejo esta vez, y sin reconocer su propia cara, respiró hondo y salió. No podía permitir un solo bocadillo, cualquier paso en falso la haría dudar otra vez.
Lo miró, sin mirarlo en realidad y lo dijo:
-Quiero terminar, no quiero que sigamos.
Y mientras escupía las palabras deseaba desaparecer.
No estaba preparada para argumentar, para responder y menos que menos, para preguntar. De pronto, entre las miles de palabras que había sentido acumuladas, se sintió vacía, y no podía pensar en otra cosa que no fuera la misa palabra haciendo ecos una y otra vez en su cerebro: “fin”.
Él, no parecía sorprendido, pero igual intentó un amague fallido de ampliar la comunicación, mientras ella se negaba, él agregó unas frases más, que todavía ella no comprende:
- Entiendo, yo también ya lo venia pensando, dijo.
El enredo de ella fue mayor, y las preguntas parecían salírseles del cuerpo, cuando el abrazo que los unió, le tragó una por una, todas las palabras.
Hubo más abrazos, no recuerdo si dos o tres, a veces los momentos se deforman de tanto reproducirlos en la cabeza.
Ella estaba completamente muda y aunque deseaba quedar inmovilizada, su cuerpo no paraba de dar señales de huida, solo ella sabe lo contrarias q son su señales corporales en esto momentos.
Ríe cuando quiere llorar, enmudece cuando quiere hablar y aparenta seguridad en sus movimientos mientras por dentro tiembla. Pero es normal, ella sabia que iba a ser así. SIEMPRE ES ASÌ. Y en la mezcla de todo ello, se enoja con la imagen que muestra, errada en todas sus curvas.
Él le dice que la quiere, y ella repite “yo también”
No fueron más que algunos segundos entre ese último abrazo y el ruido de la puerta al cerrarse.
Y ella quedo del otro lado de la puerta, sintiendo como él se alejaba.
Volvió lenta y desganada a su cama, a esa cama q todavía huele a preguntas, rodeada de montones de palabras tiradas en el piso de ese departamento.
Cerrando los ojos trató de borrar la sonrisa que él le regaló esa mañana.
Ya pasaron varios días, y las palabras siguen ahí, mudas.
Y ella le pide a él, q vuelva, q necesita hablar, que aún necesita un ultimó abrazo.
Cuídate dijo él.
Vos también, dijo ella.
Y los dos, se están cuidando
3 comentarios:
Me dijeron que en el reino del reves...
Hermoso final pequeña!
maga... me encanta lo q escribis! caro swo
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