viernes, 8 de enero de 2010

bICI en Beijing




Cuando fue a Beijing, las bicicletas no le llamaron la atención, dijo que no le parecía la gran cosa, ver dos ruedas amalgamadas a un mismo cuerpo que pedalea para avanzar.


Lo dijo, solo al pasar y sé que no tenía intención ninguna de ofender; pero por mis adentros me sentí tan ofendida, tan enojada con él, con su viaje, con su forma de hablar, con su tono de voz, con sus muecas, con sus codos por arriba de la mesa, y todo lo que su estúpida persona significaba.


Es que me parecía tan noble, tan tierna la imagen…


Una bici… y una persona pedaleando, venciendo la dificultad de mantener el equilibrio, siendo su propio motor de movimiento, con el alrededor tan cerca mezclándose con las ruedas mientras avanza…


Disfruté la imagen como si fuera yo quien paseaba en esa bici con canasto blanco, cuando desperté en frente de quien seguía con sus codos por encima de la mesa de madera del comedor, lo miré con gratitud, es que gracias a su estúpida forma de pensar, yo me había enojado con él y gracias a ello me había regalado un viaje a Beijing, sin siquiera saberlo.


Me levanté y le di un abrazo fuerte.

-Que bueno que volviste, le dije











No hay comentarios: