Su cabeza se acelera en soplar nuevas historias y se libera de mil y un maneras ocurrentes. Se levanta con la fuerza de sus piernas y en el intento de extenderlas se reconoce en el deseo de caminar. Toca el aire y se escucha los latidos, se piensa por sus adentros y calla los miedos para encontrar las respuestas que lo ubican en su mapa personal. Se pone a llenar cajones de nuevas canciones que escucha atento, melodías con letras que tienen identidad. Y ayer que se acariciaba con nubes, que reinauguraba emociones entibiándolas en originales alegrías, se reencuentra, se sincera.
Sincero, sabe lo que dice, sincero como sus amigos, que comparten también sus fragilidades. Aún cuando nadie se sabe perfecto se quedan para encontrarse porque quieren vivir, vivirse desprotegidos y carentes de refugios para recibir con las manos abiertas los vientos y los soles.
Les harán daño, pero serán siempre, francos.
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