jueves, 1 de septiembre de 2011

La Reja



Los saludos livianos entre estas nuevas formas inexpertas, hacen muecas de suavidad en la profundidad de los instintos. Descabelladas las  carcajadas callejeras  se trepan entre silencios de sueños, dormidos y descalzos se estiran de nuevo. Tantos besos llenos de calma, arman escaleras mecánicas hasta tus impulsos, hasta mis impulsos. Brillan, se iluminan nítidos y jugosos los ojos que se ven, que se miran a distancias inmedibles de aproximación exagerada y de cercanía confusa.
Que benditos sean los dedos que rozan, que juegan, que enrulan ideas de otros cuerpos, quizás ajenos a estos.
Después del momento íntimo de los desvelos  me contarás un cuento, inventarás una historia que no tenga final, que quede en el viento de mi aliento cuando quiera respirar. Justo cuando la reja esté por cerrarse te irás corriendo, porque despedirnos es perder el tiempo.

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