Te espero contenta, sabiendo que pasé todo el día pensando en que llegaras, me imagino el encuentro y te abraso mientras lo invento. Hago y deshago para mantenerme ocupada, miro la hora, miro el teléfono… Preparo lenta la cena, para pausarla y siempre me preparo para que llegues antes como de sorpresa. La sorpresa es tu llamado atrasando tu llegada y yo aletargando mas la cena. Pongo la mesa con cuidado y me dedico especialmente a tu espacio entre los cubiertos y el plato. Miro la tele me distraigo, subo y bajo por este espacio cuadrado, que mala es mi paciencia ya tengo todo terminado, pienso en llamarlo, no lo hago. Pienso si le pasó algo, me llama él, que va a llegar más tarde y yo miro la comida que ya está mareada del horno a la mesa y de la mesa al horno. Encuentro un buen programa, se termina, encuentro otro programa, se termina; ya se me cierran los ojos, llamo a Martina para que me hable, para hablarle para que no me duerma mientras espero. Miro los platos fríos sobre la mesa y descubro que ya no tengo hambre que ya estoy dormida. Sigo pensando que él se merece que lo espere con ganas y los platos hacen fila en el microondas listo para ponerlos a punto apenas suene el timbre. Espero… ya llegó, le digo a Martina mientras cuelgo la llamada y voy enérgica a atender la puerta.
Él entra desde el otro lado, cansado, lleno de bolsas me saluda con un beso rápido, lo envuelvo en mis brazos, se suelta y sigue por el pasillo buscando mi mano detrás de él. Se abre y se cierra a puerta, los dos adentro. Caliento por cuarta vez la cena, lo miro, no lo encuentro, me mira pero siento que no me ve…Comemos y mientras movemos los cubiertos siento como me apago como me duermo, de sentada, de costado, mirando el plato, mirando la mesa, mirándolo a él o mirando la televisión. Se me fue el hambre, quiero quedarme, quiero que me hable pero no lo escucho, quiero hablarle pero no me escucha, él dice y yo digo, esperando las pausas me olvido de todo lo que lo esperé. Me mira se queja de mi humor, me mira de nuevo y mientras se apiada de mi sueño y se cansa de mi ironía me dice que me vaya, que me vaya a dormir. Lo miro, me apiado de su cansancio, me trago mi humor y lo saludo con un beso en la mejilla, subo las escaleras vencidas. Me acuesto mientras escucho los ruidos de él comiendo solo en la cocina, me entristezco, me culpo, lo culpo y me pierdo buscando culpables por esa distancia precaria del día a día. Me duermo de esperarlo en un abraso, él se acuesta tarde yo ya dormía. Dormimos en la misma cama, pero separados, él en su lado y yo en el mío.
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