Eras el ombligo del sueño perdido, eras una deformidad de la espalda de un baúl cerrado y pintado de azul.
Eras una flauta dulce, con sal en sus costados hambrientos y olvidabas las formas de pensar, enmudeciendo al mirar a lo lejos el pasar de la nada.
Ves también como me río, del sol…
Ves, muy bien como me veo sin el sol…
Y en el pasto mojado de la flor que no fue, gotas como frambuesas grises y traviesas, se toman de la mano y juegan a la ronda.
Viste también los ojos que ven, desde mis adentros…
Viste muy bien, lo que no supe ver, desde mis adentros…
Te pregunto ahora, con todas mis formas, te pregunto de una sola vez y tosca al saber que tu respuesta será obtusa, que tus labios serán cicatrices después de nombrar las palabras que formaran las líneas de esta respuesta aguda…
Me miras me decís… que no podes seguir.
Y yo pienso en mis adentros que no hay nada más sincero, que mentir.
Que mentir, sabiendo.
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