Como respuesta la insomnio de esos ojos agujereados de cansancio, tomé un café de esos bien cargados de la maquina tragamonedas de la sala y te lo di acompañado de un suspiro que se escapó de mi boca, sin siquiera preguntar. Te miré para pedirte disculpas para que me perdonaras por esa bocanada de aire expulsado sin razón aparente, ya sabia yo que si alguien debía suspirar, no era yo. Pero no importó, tu cabeza seguía tan inclinada como la torre de piza, y ni me miraste, tomaste el café como quien toma vodka para olvidar.
Ya lo sé, no olvidaste, porque durante toda esa larga y fría noche de verano, no olvidaste nada. Repetiste la escena en tu cabeza, memorizaste los diálogos e inventaste mil finales anexos a ese accidente del demoño. Quise abrazarte, pero no pude, no pude quitarte tu espacio, ese espacio pequeño en la esquina del bar de esa horrible ciudad que nos encontró a los dos pidiendo disculpas, quien sabe a quien.
Cando abrí los ojos, descubrí que ya era de día, que vos seguías en tu espacio oscuro y que no habías logrado dormir ni un solo minuto. La culpa me abrazó violenta, mientras sentía ese dolor punzante en la cabeza, producto de tanto llanto, y una posición de atleta al dormir. Maldita la inercia, maldita mi poca imaginación para sacar palabras de consuelo. El medico nos calmó despacio, junto con palabras raras y apretadas. Vos respiraste profundo y supe que seguías preocupado. Yo solo dije:“Todo va a estar bien, lo se”
Y los dos sabemos, que yo no sé nada.
1 comentario:
Sos tan hermosamente grosa cuando escribis!!
Me encanta...
Segui asi... nunca pierdas la chispa... yo estoy en nuevos escritos... dopo te cuento!!!
TE querer mucho!
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