Cuando subió al auto, no supo como saludarlo, Diego estaba con una remera verde y unos jeans azules, su sonrisa gigante y ese perfume irresistible, Florencia buscó su papel de despreocupada y actuó la escena lo mejor que pudo, hasta que camino al cine sintió como la mano de Diego enlazaba la suya. Este muchacho de remera verde, nunca antes la había agarrado de la mano cuando iban juntos, si abrazos y besos, pero este enlace de manos, se materializaba por primera vez.
Florencia se dejó llevar sin pensarlo demasiado y en medio de la película, él se arrimó, la miró a los labios y la besó.
El beso removió todos los recuerdos que se habían tornado grises, puso color a todo el cine y la dejó nerviosa y sedada a la vez. Pero esos labios que eran más que conocidos, sabían diferentes esta vez.
Después del cine, fueron a cenar y recién en medio de la cena ella junto las fuerzas suficientes para preguntar:
- Diego que haces acá? De verdad lo digo, que haces acá conmigo? Preguntó firme.
Diego soltó los tenedores a un costado y como esperando la pregunta, tomó agua y muy tranquilo, le dijo:
- Estoy acá, con vos, porque acá es donde quiero estar.
El peso de cada una de esas palabras podría haber unido en su silla a Florencia, que estaba asustada y con las manos transpiradas, no podía entender como era posible que de esos labios dudosos, salieran palabras tan calmas.
Ahora se quedaba sin respuestas y se preguntaba quien era el dueño de esos ojos que la miraban de frente y que había echo con Diego?
Sedado por sus propias palabras, él volvió a agarrar las manos de ella, con toda la ternura q esas manos grandes podían emitir y con suavidad le dice esta vez:
- Vine para quedarme, esta vez no voy a ninguna parte
- Cómo, para quedarte?, pregunta histérica Flor
- Si Floringui, para quedarme
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