jueves, 23 de septiembre de 2010

Juegos de cama III


Parecía una tarde un tanto perdida, nos levantamos tarde e hicimos una mezcla de facturas y sándwiches de salame que simulaban una merienda que remplazaba el almuerzo que dormimos. Los mates eran un impulso religioso para compartir el momento, charlamos de a cuentagotas y te burlabas de mi cara de mala onda mientras yo buscaba enojarte con mi tardanza actuada reteniendo el mate y vos te vengabas salteándome de ronda en ronda. Te propuse salir de la cueva que se había vuelto ese departamento, me pediste que te acompañara a una pequeña siesta mientras negociabas la salida para después, no quería aceptar el trato, no toleraba volver a la horizontalidad y sin embargo tus pucheros con vos aniñada me llevaron del brazo directo a la cama, te dije que no iba a dormirme y me pediste mimos, prendí la tele y me hice rogar. Fue  divertido ver como peleábamos  por cariño, vos porque te mimara mientras dormías, yo porque expresaras con más fuerzas eso que motivaba ese pedido. Te acostaste boca abajo y abrazando tu almohada, pero lentamente te fuiste acercando primero una pierna, después la otra, los brazos  y el resto, suave y resignado a no perder cariños, también yo cedí ante tu paso y me amolde a tu tibia cercanía, que raro y acogedor es ese aroma a sueño, a cansancio y suavidad que habita en la cama. Nos envolvimos los pies de todo ese aroma y te enroscaste en mi cuerpo como un niño, apoyando tu cabeza en mi pansa. Yo no me supe totalmente presente hasta que saqué mi mirada de la televisión y sentí como tu respiración acompañaba a la mía, te sentía moverte lentamente al ritmo de la respiración de mi vientre. Se te hacia tarde y me tocaba el indeseable labor de despertarte, lo hice suave anunciando la hora en la que me pediste que lo hiciera y te pregunté si querías dormir unos minutos más, antes de volver a tu ronquido me preguntaste­: te quedas conmigo? Si amor, te contesté despacito. Estabas muy dormido como para notar lo feliz que me hacía saberte un rato más sobre mi  ombligo. Entonces sí me quedo, respondiste mientras me abrazabas  fuerte, te devolví el abrazo y me dormí con vos.



Cuan pequeño puede ser un acto de cariño, verdad?



1 comentario:

Amor! dijo...

es muy bello!!!!...
esos momentos no se discuten!!!