Gastón viajó y por un tiempo se refugió en su casa de las sierras. Él dice que necesitaba unas mini vacaciones, pero Jazmín no le cree. Está triste, esta angustiado, no está de vacaciones. Ayer la llamó y le avisó que mañana venia a la ciudad, que quería verla:
- Yo no puedo hasta la noche, pero cuando este libre, te escribo dale?, le dice Jazz
- Dale avísame, responde dudoso Gastón.
Hoy es mañana, él viajó y ella trabajó todo el día.
Es verdad… él está triste, está aislado, no está de vacaciones y mientras pasan las horas, la duda de recibir el aviso de Jazz se hace más grande. Mira el reloj todo el tiempo y arto de su encierro se va a pasar el rato por el centro.
Jazmín sigue su día lleno de tareas y la verdad es que olvida la llegada de Gastón, pero piensa que si él quiere verla va a llamarla.
Llega la noche, él desespera de tanto caminar mirando vidrieras que no le interesan y termina yendo a visitar a unos amigos, claramente dispuesto a salir corriendo si llega el aviso que viene esperando No aguanta, son las ocho y piensa… ya es de noche, yo le escribo
.
Ella no responde.
Sigue con sus amigos, cenan y ve una mala película de acción, con un ojo en la pantalla y el otro en el celular, que no suena.
Le escribe de nuevo. Y ella…
no responde.
Arto y cansado, se mete su orgullo atrás de las excusas que inventó para explicar la ausencia de Jazmín.
La llama…
- Que haces Gastón?
- Acá en la casa de un amigo, vos?
- Nada, por comer algo…
- Porque no me contestaste los mensajes? Pregunta firme, ocultando su monumental embole.
- Los contesté todos, responde Jazz, mientras le detalla las respuestas ausentes en el celular de él.
La charla se alarga más de lo planeado y no logra cerrarse en una invitación. Ella no entiende porque tanto reproche, y en el medio, casi en la materialización de la invitación esperada, se corta la comunicación.
Y ahora Gastón…sin crédito y ella sin verlo.

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