Numero desconocido, sin alarmarse y mientras abría la heladera para ver que picoteaba, anunciaba su saludo cotidiano. No alcanzó a finalizar su ceremonia de respuesta que su cara se congeló igual que la gelatina que había olvidado en el freezer, y esta vez, era quien creía congelado quien le hablaba del otro lado del teléfono. Era su ex novio, que después de un año, de repente y sin aparente motivo la llamaba para saludarla.
Después de reaccionar y pensar lo más parecido a una respuesta, Florencia sintió que le ardía la bronca en la garganta y no era tanto por este imbécil que la atormentaba con sus saludos sorpresivos, sino por esa maldita frase de Mariana, “Podría ser peor”…
Era ley, cada vez que pensara que nada peor podía pasar… seria Diego el que apareciera entre los escombros.
Diego había sido todo lo que flor quería, sus planes imaginarios llegaron a todos los extremos posibles con él, pero él no estaba enterado y una vez de las tantas en las que Flor quiso hablar de ellos, Diego le cortó, con la gran noticia de su viaje a España recientemente planeado.
Después de eso la relación terminó, pero cada vez que podían, los dos se torturaban con nuevos inicios, y después de aceptar que la invitación para que ella viajase nunca llegaría, Florencia empezó a querer olvidarlo.
De ese viaje ya pasaron cuatro años. Y hoy llama por primera vez:
- Flor, ¿Cómo estás, sabes quien habla?
- (Flor congelada responde dudosa ) Diego?
- Sí, Flor soy yo, no sabes lo que me costó conseguir tu número. Te llamo porque quería saludarte, estoy en el aeropuerto de Brasil y me acordé de todas las veces que te llamaba desde el aeropuerto, y te llamé… Cómo estás?
- ( Estaba helada, paralizada, con ganas de salir corriendo y esconderse debajo de la cama, pero contestó) Bien, bien, acá viendo que comer…
- Que bueno, continuó acelerado Diego, yo muero hambre también, y viste lo caro que es en el aeropuerto. Vine a un Congreso y me quedo por siete días. Que te parece un viajecito a Brasil?
- Que? Me estás cargando? Contestó ella furiosa
- No de verdad hace mucho que no te veo y no puedo perder la oportunidad de verte estando tan cerca, viajaría yo, pero se me hace imposible. Yo lo pago, eh?
Florencia muda al teléfono, siente como le nace el odio por dentro; odia esa maldita invitación y piensa en todas y cada una de las veces que esperó paciente la invitación a España, tenia planeado todo, una vez casi segura de que se lo propondría, había viajado a sacar el pasaporte y armado la valija en secreto.
Esa fue la última vez que vio con esperanzas esa relación y ahora, después de cuatro años, la llamaba para invitarla a Brasil? Nos sabía si saltar de alegría o gritarle de rabia.
Simplemente enmudeció.
Y quizás ese silencio habló más que mil palabras.
- Perdón, dijo Diego, soy un idiota. Seguro estás con alguien y yo te llamo así de la nada suponiendo que vas a dejar todo solo porque quiero verte, perdón, repitió vencido. Y sin dar lugar a respuestas, cortó la llamada.
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