Florencia se quedó dura con el teléfono en el oído, intentando procesar todo lo que acababa de pasarle.
Con los ojos gigantes y la cara entumecida volvió a mirar el teléfono para asegurarse que la llamada había sido cierta. Miró el celular más de tres veces, hasta que reaccionó, tomo su cartera y se fue caminar.
Maldeció a Mariana y su frase, porque si esto no es lo peor, de seguro se le parece, pensaba, mientras buscaba culpables para la angustia q le corría el cuerpo.
Lo odio, lo odio, repetía, ese aire a espontaneo mezclado con su tono culposo me vuelven idiota, como carajo consiguió mi numero, porque me llama?, porque ahora? Y si tanto quiere verme porque no me deja responder?, aunque si respondía decía que no, por lo menos darme el gusto de decirlo. NO. Como lo odio, volvía a repetirse.
Cuando volvió a su casa, su hermana ya estaba de vuelta, Florencia se excusó fingiendo dolor de cabeza y dio por finalizado su día, se acostó acordándose del pronostico de tormentas y todas las respuestas se le atragantaron en la garganta mientras se dormía.
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