domingo, 31 de enero de 2010

más de... Podría ser peor.



Cuando volvió acompañada por la noche, Romina estaba preparando la cena, su hermana no era muy comunicativa, solo le preguntó si comía y Florencia supo que la había escuchado responder, solo porque agregó otro plato a la mesa.
Sentada esperando que Romina terminara la comida, miraba de reojo el celular abandonado en la cama que serbia de sillón en el medio de ese pequeño espacio que funcionaba como  cocina, comedor, living y sala de estudio, todo al mismo tiempo. “Es chiquito pero cariñoso” había dicho Diego la primera vez que lo vio, y era verdad; ella todavía no había notado todo el cariño que le había tomado a ese pequeño departamento.
-Sonó tu celular tres veces, dice su hermana mientras se sienta, atendí solo la última vez. Era Diego, ¿cuando volvieron a hablarse ustedes? Sin dar lugar a respuesta continuó. Dijo que lo llames apenas puedas, está en Argentina y quiere verte.
Florencia sintió como el pedazo de Raviol se le atragantaba en la garganta oprimiéndole el pecho, tomó agua como intentando ahogarse y abrió la boca para tomar aire y poder hablar:
-Bueno gracias, dijo y dejó el plato intacto, mientras trataba de tragar tanta información recientemente escupida.
Hubiese gritado, se sentía invadida. Porque contestó Romina su celular?, esa llamada no era para ella, porque Diego continuaba con su plan para fulminarla con el atraganto de su comida cada vez que recibe sus noticias?.Porque no se llevó el celular? Y más importante aún, que hace Diego en Argentina en pleno Agosto? Tenía tantas preguntas armándose en su cabeza y estaba tan confundida que una de las últimas se le salió en vos alta como corriendo por la garganta:
-          ¿Para que mierda me llama?,  gritó
Y Romina abrió grandes sus ojos mientras le respondía: - Y será porque quiere verte, no? Deja de darle tantas vueltas, vos queres verlo o no? Si es no, no lo llames, si es sí, llamalo  y listo. Su hermana daba por terminado el asunto mientras levantaba la mesa.
-          Te toca lavar Flor, yo me meto a bañar.
Y mientras lavaba esos platos que ella no había alcanzado a ensuciar, sentía que no podía ser más patética. Esa imagen en la que solo  pasaba la esponja por los platos, no podía siquiera acercarse a todo el desconcierto que se desfiguraba en su cabeza.
Tardó horas en decidirlo y después de una llamada de emergencia a Mariana, tomó el teléfono de nuevo y lo llamó.
Eran las diez de la noche de un sábado y ella llamaba a su ex, que aparentaba estar en Argentina. Mientras esperaba que ese sonido de espera acabara y llegara el saludo de él, practicaba mentalmente su respuesta. Cuando el sonido desapareció comenzó un bullicio digno de una fiesta y mientras escuchaba como el celular giraba de mano en mano, la tentación a cortar casi se hacia real, hasta que escuchó su vos: 
- Flor, sos vos?
Era verdad, estaba en Argentina, estaba en la misma ciudad solo a dos barrios de distancia y el bullicio venia directo de la fiesta sorpresa que habían organizado sus amigos para su bienvenida. Flor prácticamente no escuchaba su vos, que se perdía entre la música, solo alcanzó a entender la invitación a la fiesta y cortó. Tenia que cambiarse, pintarse y ponerse linda porque ese sábado sin planes, se había transformado en el sábado en el que...
volvería a ver a Diego.

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